Cuando la industria depende de lo barato que es el transporte.

20131125-091344.jpg Los donuts y el bollycao siempre dependieron de autónomos. Panrico depende de los transportistas. La empresa Panrico, que ha sido comprada varias veces por fondos de capital riesgo, ahora resulta que depende de 1.800 autónomos. La empresa de los Donuts en España, que fue propiedad de la familia Costafreda, fue vendida a distintos fondos de capital riesgo que pensaban dar un pelotazo con ella. El modelo de negocio de una empresa española de alimentación se ha visto que estaba soportada por la utilización masiva de autónomos. En este caso, de repartidores y autoventas. Esto trae a colación el debate sobre qué es lo que está soportando el negocio de la logística en España sobre sus hombros. El presidente de la Organización de Autónomos ALA, Lorenzo Amor, ha dicho que los autónomos de Panrico no pueden seguir financiando una empresa que incumple sus promesas, cuando han procurado actuar con responsabilidad y paciencia. Ahora se ve que Panrico, que tiene una plantilla industrial de 700 empleados, depende de 1.800 autónomos de reparto. El debate que expresan en privado muchos transportistas es que la logística y el transporte están desvalorizados, se realizan a precios tirados y sobre ella se montan grandes emporios. El precio del km de un trailer puede llegar a precios tan bajos como 0’5 euros por km. Hablando en plata, un trayecto entre Madrid y Barcelona de 700 km, con su recogida y tiempos para cargar, incluso cargando el propio autónomo, también, llevando un par de horas, puede pagarse por poco más de 350 euros. Como un gran flotista dice, esto de que la logística le preocupa a ciertas industrias, como suele salir en los medios de comunicación, “es una falacia sobre la que se asienta la esclavitud a la que nos tienen sometidos”. Y quien lo dice es un empresario conocido con más de 200 camiones. Otros se quejan de cómo la logística se malutiliza moviendo las mercancías de una forma irracional dado el bajísimo coste del transporte. Las mercancías van y vienen; para mandar un palet de Barcelona a Zaragoza, este baja hasta Madrid y después se manda a Zaragoza, pero esto es el menor de los sinsentidos, pues hay veces que un palet viaja de una plataforma en Rotterdam a un almacén en Barcelona, para bajar a otro en Madrid para ir a un almacén en Benavente, y por último legar a Coruña. O incluso entre países, circulando mercancías que para mandarlas de un punto de Portugal a otro van y vienen hasta Madrid para retornar a su destino. Está claro que la logistica, empezando por el transporte marítimo de Asia de muchos productos, se hace a unos precios que apenas impactan sobre el valor de los artículos. Como decía un flotista internacional, el transporte desde Murcia a Hamburgo, apenas impacta 22 céntimos de euro por kilo. Cuando una naranja y un limón se pueden vender en Alemania por piezas a un euro y por kilos a 4-5 euros. Una repercusión de 5% del valor del producto, y esto en el caso de un producto de bajo valor añadido, como es un producto hortofrutícola. Pero Panrico nos enseña otra situación, y es que su modelo no era sólo uno de repartidores autónomos, con una baja repercusión en el pasivo de la sociedad, sino además era el modelo de una serie de autónomos que hacían funciones de autoventas, entregando mercancías, captando con sus tabletas digitales los pedidos, cargando los envases y cajas objeto de retorno o logística inversa, volviendo a los almacenes para descargar los camiones con los retornos y devoluciones de mercancía deteriorada y haciendo alguna otra tarea administrativa; es decir, que pese a esta fuerza laboral tan interesante, con tan bajo impacto en el pasivo social de la empresa, trabajando como autónomos, encima se les paga tarde, sosteniendo financieramente a la empresa. Todo esto suena a grandes transportistas y pequeños a lo mismo: que la industria en general vive del transporte, de lo barato que es el transporte en este país y lo subvencionado que está fiscalmente. www.maycarr.es]]>